Nuestros niños y nuestras emociones como padres.

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Nuestras emociones y necesidades durante el desarrollo de nuestros niños. Mamá y papá también importan…

¿Has puesto atención a las emociones que tus niños despiertan en ti como padre conforme han crecido? ¿Recuerdas la primera emoción que sentiste cuando te enteraste que serías mamá? ¿O cómo reaccionaste ante la noticia de que tu mujer esperaba un bebé y te convertirías en padre de una criatura?

Con esta vivencia inicial se inauguró la historia de tu maternidad y paternidad. Con la emocionalidad que la acompañó, así como con la particular circunstancia de vida en la te encontrabas tanto contigo misma(o) como con tu pareja.

Ante una noticia tan importante seguramente experimentaste una multitud de emociones, algunas de ellas opuestas. Unos días conectabas con el amor universal y en otros momentos sentías dudas, miedos o angustia. Esta emocionalidad tenía todo el sentido, una vida y su desarrollo futuro estaba en tus manos. Junto con ella, también tu propia vida estaba creciendo, un capítulo nuevo se inauguraba en ella y parecía tomar una dirección distinta. La responsabilidad que hasta ahora habías vivido dentro de tu consciencia vital tomó un matiz distinto.

Si el bebé fue deseado, seguramente la alegría y el gusto desbordaron tu sentir, pero tal vez la noticia te tomó en un momento de vida muy inesperado. Después de todo, no todo en la vida podemos planearlo o sucede cuando y como nos lo imaginábamos y eso, es parte también de la naturaleza de nuestra existencia.

El desarrollo de nuestros hijos despierta emociones en los padres…

Durante este proceso, posiblemente te cuestionaste acerca de temas fundamentales para el desarrollo de tu hijo… Sobre tus futuras decisiones, sobre cómo cambiaría tu día a día… O a lo mejor te dispusiste a leer blogs y libros de crianza… O a recibir consejos de amigas y amigos cercanos, de tu madre, de tu suegra, de tu amiga la psicóloga… De pronto, ¡todos eran expertos en desarrollo infantil!  Una nube de información llenó tu disco duro…. Y en esta atmósfera en la que se iba desarrollando tu criatura y desenvolviéndose tu vida en pareja, tu cuerpo iba viviendo diferentes emociones.

A momentos, esto creaba expectativas, idealizaciones o te producía angustia o decepción. O tal vez, para bien, esta dinámica te creaba una sensación de seguridad y acompañamiento.

Todo depende de lo que en ese momento estabas viviendo, de tu capacidad para poner atención a tus emociones, sentirlas, expresarlas y gestionarlas, así como de la información que te llegó, de cómo la recibiste y qué fue lo que te transmitió.

Desarrollo emocional y autorregulación: mirada sistémica

Lo que hoy me gustaría compartirte, es que en este proceso, estas vivencias emocionales tuyas, en los distintos momentos del desarrollo de tu hijo son fundamentales. Mucho de lo que hasta ahora está escrito sobre crianza consciente pone la mirada de atención central en el bebé. Y claro que el bebé es el protagonista, su sano desarrollo y su crecimiento es la prioridad. Pero lo que deja de lado mucha de esta información es que lo fundamental en la crianza es la relación mamá-criatura y papá-criatura.

Mamá y Papá son entonces agentes co-protagonistas y es importante qué están viviendo y cómo se están sintiendo. Lo que toda criatura necesita es un vínculo que atienda sus necesidades psicoafectivas en los distintos momentos de la maduración.

Sin embargo, es muy complicado atender y cubrir satisfactoriamente las necesidades de una criatura en desarrollo si yo no sé cómo me siento, si yo misma(o) no puedo cubrir y regular mis propias necesidades; es decir, si mi capacidad de contacto emocional está limitada, así como mi capacidad de autorregulación. Tarde o temprano, si yo no puedo distinguir y autorregular cuándo necesito un momento conmigo misma (o), de ocio, de contacto con la naturaleza o de una actividad satisfactoria el cansancio cobrará su factura. Y no sólo en mí, sino también en el vínculo. Si yo no me conozco un poquito emocionalmente tampoco sabré distinguir cuando un miedo propio o una expectativa propia interfiere con una necesidad fundamental para el desarrollo de mi hijo. 

Lo que toda mamá y papá necesitan es poder acompañar el desarrollo de un niño con la confianza de que sus acciones están dejando una huella de amor y de salud en sus hijos, disfrutando de este proceso, que sí, no hay duda, a momentos será arduo y complejo, pero que sin duda será satisfactorio. Pero no sólo eso, lo que los papás y las mamás necesitan es recordarnos y no perder la brújula del sentido de ser padres, vivir este proceso con contacto y regulación emocional, y también necesitamos nuestros propios espacios, cultivarnos y cuidarnos a nosotros mismos, así como nuestros espacios de intimidad y complicidad como pareja.

Los dos pilares fundamentales para un sano desarrollo…

Para una crianza consciente, para un desarrollo saludable, sí, es muy necesario informarse con fuentes sustentadas y conocer información sobre cuáles son las necesidades psicoafectivas de cada etapa de la maduración.

Conocer, por ejemplo, que durante el embarazo son fundamentales los momentos de parar la actividad, tener contacto con el propio cuerpo y contacto con el bebé, que mamá le hable al bebé, poder sentirlo dentro de una. Permitir y expresar las múltiples emociones que se van sintiendo, tanto por los cambios hormonales, como por lo que la gestación produce en la psicología femenina, pasear con la pareja en la naturaleza si es posible. Tener un parto humano, sin violencia obstétrica.

Al nacer, el contacto piel con piel mamá-bebé en la intimidad con la pareja tiene una función importantísima y constituye para el recién nacido una necesidad afectiva y neurobiológica fundamental. (Sorprendentemente, los beneficios no sólo son para el recién nacido). Lo mismo que la lactancia a libre demanda que se desarrolla mejor cuando la mujer no está sola, sino acompañada por su pareja, que le facilita este periodo oral junto con una red de apoyo… El padre tiene un papel único en la crianza, es un sostén emocional y faro durante el parto para la madre y su papel va cambiando según van madurando las necesidades de la criatura, por ejemplo, tiene un rol vital alrededor de los 18 meses cuando comienza la necesidad de socialización primaria de los niños.

En un artículo futuro, ahondaré con más detalle sobre las necesidades de las criaturas en cada etapa de la maduración y por qué es vital que conocerlas y atenderlas. Por ahora, lo importante es notar que conocer las necesidades de cada etapa de la maduración a nivel de información de manual, de blog o consultando a una especialista en crianza es esencial. Sin embargo, para una crianza consciente y saludable es sólo la mitad del trabajo.

Una cosa es la teoría y las recomendaciones basadas en las investigaciones y otra es nuestra realidad, nuestras emociones, nuestros límites y nuestra propia historia.

Si nos damos cuenta en el cuadro en el que he dibujado con algunos momentos de la crianza… la otra mitad del trabajo, y la que a menudo es la más compleja, tiene que ver con nuestra vida emocional. Con cómo nos sentimos a lo largo de estos procesos, con nuestra capacidad para contactar, sentir y gestionar nuestras emociones y necesidades. Todas estas imágenes de las diferentes etapas suenan muy lindas. Sin embargo, en el día a día, el que podamos satisfacer las necesidades psicoafectivas de nuestra criaturas dependerá, en parte, de cómo nos sentimos, de si sabemos expresar lo que necesitamos, de cómo estamos en pareja, y de si sabemos regularnos a nosotros mismos hacia mejores formas de estar.

Por ello, es importante:

  • Tener herramientas y recursos de contacto y expresión emocional. Estar atentos a cómo nos sentimos y a nuestras necesidades individuales y como pareja. Poder, poco a poco, gestionarlas y autorregularnos.
  • Saber que existen algunas emociones (miedos, angustias, expectativas, frustraciones… ) que son propias y son comunes a cada uno de los momentos y etapas de la crianza. Muchas mamás y papás callan por años emoción sintiéndose culpables por ser las y los únicas y de pronto, descubren para su alivio que otros madres y padres se sentían de la misma manera.
  • Asistir a un espacio de crianza ecológica o biocrianza en donde podamos compartir con otras parejas el proceso que estamos viviendo. En estos círculos nos daremos cuenta que no estamos solos, que existen emociones y experiencias que son comunes a toda crianza. Nos sentiremos acompañados en el proceso. A su vez, hablar de lo que estamos viviendo con nuestras criaturas nos ayudará a hacer conscientes nuestras dinámicas internas y de pareja, así como los patrones de crianza que cargamos generacionalmente para gestionarlos mejor.
  • En los primeros meses no es fácil, pero, en la medida de lo posible debemos buscar actividades que nos cultiven, descargar tensiones y eliminar el distrés en actividades que nos hagan sentir en expansión: el baile, los deportes, la meditación, la expresión corporal, son algunas opciones…. [Mejor si se trata de alguna actividad corporal]
  • Acercarnos emocionalmente a nuestra pareja, ser sinceros y asertivos sobre aquello que necesitamos del otro, sobre lo que el otro necesita de nosotros mismos. Repartir tareas y funciones con nuestra pareja respetando las necesidades que cada uno y, sobre todo, la de nuestras criaturas según el momento de su desarrollo. Hay momentos en donde nuestro hijo necesita más de mamá y otros en donde la figura protagonista debe ser papá.
  • Poder vivir a la pareja como un sostén. Cada vez más los hombres se involucran más y toman consciencia de la función fundamental que el padre tiene en la crianza, su papel no consiste ni se limita a el de ser proveedores materiales. Es importante dar a los hombres este lugar, reconocer el sentido de su función como padres y que ellos tomen un papel activo en el día a día.
  • Reconocer que la pareja no se limita a la crianza. Por tanto, son importantes los momentos de intimidad, complicidad y diversión. Tiempos en los que no se están atendiendo a los niños porque contamos con una red de apoyo en la que confiamos y por momentos, cuidan a nuestros niños.
  • Reconocer cuando mi emoción o mi necesidad entra en conflicto con una de las necesidades propias del desarrollo de mi bebé o niño. Esto es fundamental, yo diría que es la piedra angular de la crianza consciente. A veces la vida nos pondrá en momentos en los que exista un conflicto entre mi emocionalidad, mi necesidad, y la necesidad de mi hijo… Algunas veces, si nos conectamos con el instinto tomaremos la mejor decisión para su desarrollo sin olvidar gestionar nuestro autocuidado. Otras veces, podremos reflexionar, tomando consciencia de qué medios podemos poner para gestionar nuestra emocionalidad y que podamos también satisfacer de la mejor manera la necesidad psicoafectiva de nuestro pequeño, cuidando su ritmo individual. No olvidando que nosotros somos los adultos y por tanto, somos responsables amorosos de su desarrollo. Una necesidad nuestra es una necesidad adulta, y no es que no sea importante, pero una necesidad de nuestras criaturas está determinando su salud emocional y física para el resto de su vida (qué tan significativa es depende del momento de desarrollo en el que se encuentre y qué tipo de necesidad sea).
  • Finalmente, éste último punto nos deja ver otro de los pilares de la crianza consciente: es importante no perder demasiado o recuperar cuando nos sea posible la brújula del sentido de ser papás. Saber que nuestro hacer, que nuestro esfuerzo, que lo que estamos viviendo tiene un sentido y es importante aunque no sea remunerado económicamente o reconocido en en el que vivimos.  Preguntarnos por nuestra escala de autosatisfacción personal y reconocer qué lugar tiene la crianza de nuestros hijos en nuestra existencia y qué lugar queremos otorgarle. Para cada uno de nosotros el sentido de ser papás es distinto, cada uno eligió ser papá por razones y circunstancias distintas, pero todos los que estamos en la crianza debemos reconocer que estamos en una labor de amor fundamental, profundamente bella y humana:

Como papás, estamos pasando la vida y la manera en que lo hacemos tiene un eco, somos acompañantes de “los niños del futuro”, dejando una huella en una vida que sentirá el mundo, que se relacionará con otras personas, que tendrá proyectos, sueños y que ahora mismo ya tiene necesidades, emociones y deseos.

Papá: sostén y referente.
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Caroline Hernandez

Reconocernos a nosotros mismos, nos permitirá disfrutar del desarrollo de nuestros hijos…

Para la crianza consciente es importante reconocernos a nosotros mismos. Reconocer nuestras emociones como padres, nuestras necesidades, nuestros límites y nuestra historia. Saber desde dónde nos estamos vinculando con nuestros hijos, pues sólo así podremos respetar las necesidades propias de cada etapa de la maduración. Respetar su ritmo individual y sus necesidades de cada etapa hará que crezcan llenos de vitalidad, de salud emocional y biológica, con recursos y creatividad para enfrentarse a todo tipo de experiencias. Es una labor vital…

Reconocernos a nosotros mismos es importante por nuestra propia salud emocional. Desde este lugar viviremos la maternidad y la paternidad con mayor consciencia y también con mayor disfrute. Los años que se escapan entre nuestros dedos mientras vemos a nuestras criaturas crecer podremos apreciarlos con mimo, con gusto, con deleite y detenimiento.

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